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Una de las preguntas que formula todo paciente que viene al quiropráctico y ya se siente bien después de algunos ajustes es: ¿cuándo me darás el alta?,¿hasta cuándo tendré que seguir ajustándome la columna para conseguir la plena salud?Y se podría responder con otra pregunta: ¿hasta cuándo estás dispuesto a mantener un buen cuidado de ti mismo?La plena salud en realidad no existe. La salud es un proceso en constante movimiento hacia adelante y hacia atrás, de flujo y reflujo, como la vida o las olas del mar. En medio de ese mar, calmado unas veces y agitado otras, se van ensartando las experiencias de la vida, los sentimientos, las emociones, los cuidados físicos o psíquicos que nos llevan a mantener el rumbo o a perderlo. Y uno debe de estar siempre al frente del timón.Según explica la quiropráctica, cada siete años tenemos un cuerpo nuevo, se produce una completa regeneración de las células, y es el sistema nervioso el que controla esa regeneración corporal. Si no hay interferencias (subluxaciones) en ese sistema de control, el sistema nervioso, el cuerpo se regenerará con buena información, y se va a regenerar sano.El problema es que la mayoría de las veces no reconocemos si tenemos una subluxación o no. Es difícil reconocerla porque los nervios que reflejan sensaciones como el dolor, una vibración, la temperatura o el hormigueo componen sólo aproximadamente el 10% del sistema nervioso. Los demás nervios, cuando están dañados, no dan sensaciones perceptibles.Los quiroprácticos recomiendan que no se espere a tener dolor porque una visita al quiropráctico puede prevenir muchos trastornos de salud. Entonces, más que preguntarnos ¿cuánto tardaré en curarme?, mejor es formular la pregunta de otro modo, buscando la causa del problema: ¿Por qué me puse enfermo?, ¿Cómo se originó mi enfermedad?, ¿Qué emociones están relacionadas con ella, qué sentimientos, qué pensamientos, qué hábitos de vida, qué modos de vida tóxicos, etc.?Sanar es cambiar.